Qué es el estado mental en Flujo Conducido

Llegas a casa y vuelves a contar lo que ha hecho tu jefe. Cambió una decisión, te dejó otra tarea a última hora o no escuchó lo que llevabas días explicando. Lo hablas con tu pareja, con un amigo y con tus compañeros. Acabas diciendo que tienes que buscar otro trabajo.

Pasan las semanas. Cada día trae algo más que contar, pero la búsqueda sigue pendiente. Incluso cuando descansas, repasas lo que pasó y lo que tendrías que haber dicho.

En Flujo Conducido llamo semiautomático mental al estado en el que pensar, explicar o preparar ocupa el lugar de algo que necesitas atender. Le dedicas tiempo y energía, pero sigues dando vueltas alrededor de la misma dificultad.

Hablar puede ayudarte y también puede dejarte en el mismo punto

Contar lo que te pasa puede aliviarte, ayudarte a entenderlo y permitir que alguien te acompañe. Hay días en los que necesitas eso.

La dificultad aparece cuando vuelves una y otra vez a lo mismo sin aclarar qué necesitas ni qué puedes hacer. Hablas de cambiar de trabajo, pero cada conversación acaba en otra lista de cosas que tu jefe hace mal.

Puede que lo que cuentas sea cierto. Reconocer el estado mental no convierte el problema en algo imaginario. Permite mirar qué está ocurriendo contigo mientras ese problema continúa.

Por qué cuesta salir de esas vueltas

Cambiar de trabajo puede dar miedo. Necesitas ingresos, no sabes qué encontrarás y quizá no tienes tiempo ni fuerzas para empezar una búsqueda. Son dificultades que merecen tenerse en cuenta.

A veces, sin embargo, buscas tener todo resuelto antes de dar cualquier paso. Como esa seguridad no llega, sigues pensando en el cambio sin acercarte a él.

En FC me interesa distinguir qué te impide avanzar: una condición concreta que necesitas resolver o una manera de pensar que vuelve a dejarlo todo pendiente. Ambas pueden estar presentes.

Los cuatro subestados del mental

Dentro de FC distingo cuatro formas de este funcionamiento. Pueden aparecer en el trabajo, en una relación o en una decisión cotidiana.

Analítico

Revisas tantas posibilidades que la decisión siempre queda para después.

Quieres cambiar de trabajo y miras ofertas. Una paga más, pero queda lejos. Otra está cerca, pero no sabes cómo será el ambiente. Vuelves a compararlas y añades nuevas dudas, sin llegar siquiera a enviar una candidatura para conocer mejor alguna opción.

Comparar es necesario. El analítico aparece cuando cada revisión prolonga la búsqueda y nunca parece haber suficiente información para dar un paso.

Rígido

Te aferras a cómo deberían ser las cosas y te cuesta ajustar tu respuesta a lo que está ocurriendo.

Piensas que, si tu jefe dirige el equipo, debería organizar bien el trabajo. Tiene sentido esperarlo. Pero pasan los meses y sigues esperando que cambie para poder decidir qué hacer tú.

Aquí miramos cuándo esa idea de cómo tendría que funcionar todo te mantiene atado a una respuesta que ya no te sirve. Puedes reclamar una mejor organización y, a la vez, valorar tus opciones con la situación que tienes hoy.

Evitativo

Explicas lo sucedido con detalle, pero te cuesta acercarte a lo que te duele.

Hablas de tu expareja, repasas sus contradicciones y cuentas por qué actuó mal. Puedes pasar mucho tiempo demostrando que tienes razón, mientras queda sin reconocer que la echas de menos o que te dolió sentirte rechazado.

Entender lo ocurrido puede ayudarte. En el evitativo, los argumentos ocupan tanto espacio que lo que sientes sigue apartado.

Controlador

Preparas todas las posibilidades para evitar que algo te pille sin respuesta.

Quieres hablar con tu jefe y ensayas la conversación. Preparas qué dirás si te interrumpe, si te culpa o si niega lo ocurrido. Cada respuesta abre otra situación que también necesitas preparar.

Cuando llega el momento, puedes estar tan pendiente de tu conversación ensayada que te cuesta escuchar la que está sucediendo. O sigues aplazándola porque todavía no sabes cómo responder a todo.

Qué puedes mirar cuando te reconoces aquí

Vuelve a algo de lo que llevas tiempo hablando. Mira qué necesitas: desahogarte, conseguir información, expresar un límite, aceptar algo doloroso o tomar una decisión.

No todo se resuelve actuando enseguida. Pero identificar qué falta te permite atenderlo con más precisión. Buscar otro trabajo puede empezar por actualizar el currículum o averiguar qué opciones tienes, sin tener que dejar el actual mañana.

Con una relación, quizá el paso pendiente sea reconocer qué te duele y qué quieres hacer con ese vínculo. Repetir quién tuvo razón puede dejar esa pregunta sin atender.

En FC, reconocer el estado mental permite ver cuándo el pensamiento está manteniendo algo pendiente. Puedes empezar con una pregunta sencilla: después de tantas vueltas, ¿qué he aclarado y qué sigo necesitando atender?

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