Te llega un mensaje que te molesta y contestas enseguida. Cuando vuelves a leer lo que has enviado, piensas que podrías haberlo dicho de otra manera. Querías aclarar algo, pero la conversación ha acabado en una discusión.
En Flujo Conducido llamo semiautomático reactivo al estado en el que una emoción te lleva a actuar antes de que reconozcas bien qué te está pasando. La respuesta sale tan rápido que a veces la entiendes después de haberla dado.
Por qué reaccionas aunque después lo veas claro
Puedes saber que mandar otro mensaje no ayuda, que levantar la voz empeora una conversación o que comprar algo para despejarte te traerá un gasto que no querías. Aun así, en ese momento lo haces.
Lo que sabías sigue ahí. Pero la urgencia de responder, conseguir una explicación o quitarte una incomodidad ocupa el primer lugar.
Por eso, cuando miro este estado desde FC, me interesa reconocer qué pasó justo antes de la reacción. Un tono de voz, una espera o una pequeña frustración pueden activar una respuesta que después no te deja satisfecho.
Qué significa semiautomático
Quizá notas que estás enfadado, inquieto o incómodo. Lo que todavía no reconoces es cómo eso está llevando tu respuesta. O solo lo ves cuando ya has actuado.
Después puedes identificar que contestaste con dureza porque te sentiste cuestionado, o que insististe con los mensajes porque no soportabas la incertidumbre. Esa posibilidad de reconocer lo sucedido ayuda a empezar a revisarlo.
En el automático aprendido mirábamos una respuesta habitual. Aquí miramos la emoción que puede ponerla en marcha y la rapidez con la que te lleva a actuar. Ambos pueden aparecer juntos.

Los cuatro subestados del reactivo
Dentro de FC distingo cuatro formas de esta reacción. No todas se expresan con enfado ni se ven igual desde fuera.
Explosivo
La molestia sale de golpe, en el tono, las palabras o los gestos. Te sientes criticado, tratado injustamente o invadido y respondes con una intensidad que después te cuesta entender.
Alguien hace un comentario sobre algo que has preparado. Lo recibes como una descalificación y contestas atacando. Más tarde reconoces que había algo que querías explicar, pero apenas pudiste hacerlo porque la conversación se centró en cómo respondiste.
Puede haber una falta de respeto real que necesites atender. Reconocer el explosivo permite mirar también si tu reacción te ayudó a expresar el límite que querías poner.
Ansioso
La incertidumbre te pone en alerta y empiezas a actuar para conseguir una respuesta cuanto antes.
Has escrito a alguien importante para ti y no contesta. Mandas otro mensaje, compruebas si está conectado y vuelves a escribir. Cada comprobación parece necesaria, pero sigues sin sentirte tranquilo.
En este subestado me interesa mirar cómo el temor a perder el vínculo puede llevarte a presionar para sentir cercanía. Esa presión puede terminar dificultando la conversación que querías tener.
Aquí, ansioso es el nombre de una forma de responder dentro de FC; por sí solo no describe un trastorno de ansiedad.
Impulsivo
Haces algo para quitarte una incomodidad inmediata y las consecuencias quedan para después.
La noche anterior querías levantarte temprano. Suena la alarma, te molesta salir de la cama y la apagas casi sin pensarlo. Más tarde recuerdas lo que tenías previsto y te preguntas por qué lo dejaste pasar.
Una mañana de cansancio no basta para reconocer un patrón. Conviene mirar si se repite ese momento en el que aliviar lo que sientes ahora desplaza algo que querías hacer.
Adictivo
Buscas una y otra vez un estímulo que te distraiga o te alivie, sin reconocer bien qué incomodidad estás intentando quitarte.
Estás haciendo una tarea y, en cuanto aparece un poco de aburrimiento o dificultad, coges el móvil. No tenías nada concreto que consultar. Lo dejas, vuelves a la tarea y poco después lo abres de nuevo.
En FC uso este nombre para mirar esa búsqueda repetida de alivio. Coger el móvil o disfrutar de una actividad no basta para identificarla, ni esta descripción permite diagnosticar una adicción.
Qué tienen en común
En el explosivo descargas la molestia. En el ansioso buscas una respuesta que calme la incertidumbre. En el impulsivo resuelves la incomodidad inmediata. En el adictivo recurres repetidamente a algo que te distraiga o te alivie.
En todos conviene mirar qué sentías, qué hiciste con eso y qué ocurrió después. Una respuesta puede aliviarte durante un momento y dejarte luego con una dificultad mayor.

Por dónde empezar a reconocerlo
Elige una reacción reciente que no haya terminado como querías. Vuelve al momento anterior: qué sucedió, qué te molestó o preocupó y qué hiciste enseguida.
Quizá querías que te escucharan y acabaste levantando la voz. O buscabas tranquilidad y terminaste pasando una hora pendiente del teléfono. Describir esa relación te da algo concreto que revisar.
En FC, reconocer el estado reactivo empieza por encontrar ese punto en el que una emoción se convirtió rápidamente en una acción. No necesitas vigilar cada cosa que sientes. Puedes empezar por una situación que se repite y cuyo resultado quieres cambiar.


